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Bienestar

Feminicidio y violencia a la mujer: 4 historias de la vida real

Maltrato emocional, abuso sexual, homicidio, falta de oportunidades y discriminación son acciones en contra de las mujeres que las ubican dentro de una población vulnerable en el mundo y en nuestro país.
Foto: 123rf Rechazo al maltrato contra la mujer
Por: Cristina Morales
Multifacéticas, maternales, dirigentes, capaces, femeninas, son solo algunos de los innumerables adjetivos que nos hacen poderosas y que se pronuncian con insistencia en fechas especiales con el Día de la mujer.

Lastimosamente estas cualidades se van desdibujando cuando somos víctimas de maltrato o femenicidio, como le sucedió a Claudia Johana Rodríguez, 40 años, quien fue asesinada por su expareja, un hombre identificado como Julio Alberto Reyes, de 42 años, que tras un mes de haber dado por terminada su relación, el hombre la buscó en uno de los almacenes del Centro Comercial Santafé, en el norte de Bogotá, lugar donde laboraba la víctima.

Sobre las 7:19 p.m. la tomó como rehén y minutos después la asesino. Liliana Rodríguez, hermana de la mujer, relató en dialogo con Blu Radio: "la expareja la tiene como rehén, por favor ayúdenos, yo llegué a recogerla del trabajo en la óptica y me llevaron a la enfermería porque también me amenazó, me aislaron por la situación. Ellos se habían separado hace un mes".

La Policía intentó negociar con el homicida para que la socorrieran y así evitar la tragedia, pero fue imposible. Carlos García, jefe operativo de un grupo de la Defensa Civil, confirmó que el hombre fue herido con dos impactos de bala, uno en la cabeza y otro en el abdomen, luego fue trasladado a la Clínica Cardioinfantil donde falleció minutos más tarde.
En Colombia, la violencia de género sigue siendo una preocupante realidad. En el 2015, 6.269 mujeres fueron víctimas de violencia por parte de sus parejas, mientras que 1.482 fueron agredidas por otros familiares, según el Instituto Nacional de Medicina Legal.

  Juanita Salcedo, psicoterapeuta femenina, asegura que la vulnerabilidad abarca múltiples grupos sociales. “Desde la normatividad se especifica que existen poblaciones frágiles, y el Estado y la sociedad tenemos la obligación de velar por ellas.

Y hablando en términos generales, la fragilidad es inherente a los seres humanos, y en ese sentido todos estamos ante la posibilidad de ser víctimas en algún momento de nuestras vidas”, dice. Tres historias de mujeres valientes que decidieron dar la batallla. 
 

La verdadera fuerza interior  Lina Moreno nació en Apartadó (Antioquia) y hace siete años llegó a Bogotá desplazada por la violencia. Arribó acompañada de sus dos hijos mayores: Nodier Andrés (12) y Roxanna (10). “Primero mataron a mi hermano y después a mi esposo; tuve que irme”, indica. 

Su esposo se encargaba de mantener a la familia, mientras Lina hacía sus pinitos en peluquería y actuaba como líder comunitaria. “Siempre me gustó ayudar a los demás y a las personas de mi barrio, que confiaban en mí porque veía las injusticias sociales que se cometían y las carencias a mi alrededor y nunca me quedaba callada”, dice.

Pero un día, la violencia acabó con su paz y sintió que su vida y las de sus niños corrían peligro. “Esa noche mataron a mi hermano en su casa y a los días llegaron a nuestro hogar y acabaron con la vida de mi marido... Entonces me tocó huir para salvarme y salvaguardar la vida de mis niños”, asegura. 

Los primeros meses fueron muy complicados, estaba lejos de su gente, de su ciudad y se sentía sola. “Trabajaba en restaurantes para hacerme lo del día (15 o 20 mil pesos) y así pagar  la noche en una habitación y conseguir algo de comer para mis hijos”, asegura. Y cuando no lo lograba, pasaban la noche en las calles, expuestos al peligro.

“Temía por sus vidas, me preocupaba no tener opciones para asegurarles un futuro, y sin un esposo en quien apoyarme, me tocó duro”, dice. 

Luego de siete años de 'guerreársela' y de sacar a su familia adelante, Lina acaba de graduarse como técnica en peluquería y belleza con el programa de L'Oréal Colombia, Belleza por un Futuro, aunque se trata de un triunfo agridulce: “Mi madre, que estuvo enferma durante varios meses, murió y fue muy doloroso para mí porque era mi único apoyo. Pero seguramente está feliz por mí y me aplaude desde el cielo”, revela. En Bogotá tuvo a su tercer hijo, Luis Ángel (3), quien llegó para complementar su familia.

  Cada paso, una batalla ganada  Fernanda* fue abusada sexualmente por un amigo cercano a su familia hace unos años. “Ese día perdí la confianza en todo, no quería salir de mi casa, no podía dormir. Me preguntaba qué había hecho para que esto me pasara”, recuerda con tristeza esta bogotana de 28 años. 
  Acababa de llegar a su casa después de un día trabajo en un almacén de cadena, donde era cajera desde hacía más de un año. 
“Él llegó con la excusa de hablar con un familiar mío, como este no se encontraba, me pidió esperarlo. Se sentó en la sala mientras yo estaba en la cocina y de pronto entró y comenzó a hostigarme con palabras y a tocarme. Intenté defenderme, pero los nervios y la confusión me nublaron la mente”. El resto de la historia quisiera olvidarlo, pero no es posible.  

No recuerda cuánto duró esta tortura porque se desmayó, pero sí tiene claro que cuando despertó estaba tirada en el piso de la cocina, sangrando y con los brazos y las piernas lacerados. Se sentó como pudo y no paraba de llorar. Fue su padre quien la encontró un rato después y la llevó al Instituto de Medicina Legal. “Han pasado dos años e ingresé a un grupo de apoyo para víctimas de abuso sexual. Mi familia me ha acompañado siempre. Cada día intento empezar de cero”, concluye. (* Nombre ficticio para proteger la identidad de la fuente).  

Luchando con el alma Lorena Bloom es la presidenta de la Fundación Mujeres Fénix, quien hace tres años fue brutalmente golpeada por su esposo. “Nunca hubo ni un roce entre nosotros, ni una mala palabra. Siempre fue atento, amoroso y culto”, asegura Bloom al recordar el día en que su aparentemente perfecta relación cambió para siempre.

El 11 de febrero del 2013, Lorena se encontraba en su vivienda cuando su esposo llegó quejándose por todas las dificultades que tuvo para volver a casa por causa del 'día sin carro'. “Le pregunté si quería comer algo y cuando le di la espalda sentí que me golpearon con fuerza en el oído izquierdo, y eso es todo lo que recuerdo; perdí el conocimiento”.

Cuando despertó estaba en su habitación con múltiples golpes en el rostro y el cuerpo, y el agresor había desaparecido con su tarjeta del banco, que usó para desocupar su cuenta.

“Soy una mujer con dos hijos, a quienes no les permití verme hasta pasados 14 días del ataque, y con su apoyo y el de la Fiscalía y Medicina Legal logré que en muy poco tiempo un juez dictara orden de captura y dos días después él estaba en La Picota. 

Sumado a este dolor se quedó sin trabajo, pues Lorena era profesora de un reconocido colegio de Bogotá. “Las directivas no creían que estuviera en óptimas condiciones, ni físicas, ni emocionales, para trabajar con niños, y tenían toda la razón”.
Este hecho fue un punto de quiebre en su existencia, pero también la oportunidad de iniciar una nueva vida en Cartagena en compañía de sus hijos. Tras un proceso interior doloroso, pero necesario, actualmente se dedica a trabajar por otras mujeres y a cantar, otra de sus pasiones.
En estos años, la Fundación que lidera ha ayudado a 722 mujeres en condiciones de vulnerabilidad del país.

“Siempre les digo que actúen, que se empoderen. Generalmente el temor más grande no es al escarnio público, porque somos valientes por naturaleza, sino a que se repita la situación o a que a nuestros hijos les ocurra algo similar”, dice.
Y se convierte casi en un ángel guardián para ellas, pues su único objetivo es ayudarlas a sanar ese dolor. “Una mujer que es maltratada, en cualquier medida, necesita ser tratada con respeto, con amor y con la comprensión necesaria”, concluye.

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