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Bienestar

Nunca rendirse: La magia del sí

Perder el trabajo, perder un hijo, perder la movilidad... Estas son situaciones que nos ponen a prueba. Sin embargo, cuando se superan, demuestran que siempre se puede seguir adelante, con una buena dosis de esperanza. Segunda parte.
Héctor Fabio Zamora, Abel Cárdenas y Cortesía
Nunca rendirse: La magia del sí
Por: Redacción ALO

Miguel Ángel Escobar Montoya es un coach espiritual de 52 años que conoce muy bien la dulzura del éxito, pero también la amargura del fracaso. Esos han sido ingredientes claves en su receta para alcanzar la paz interior y no temerle a comenzar desde cero. 

Este bogotano e ingeniero de electrónica y telecomunicaciones se casó en 1991 y en 1995 creó su propio negocio de soluciones tecnológicas corporativas. Su familia creció con dos hijos (Daniela y Santiago), su compañía recibió una certificación de IBM y, en resumen, parecía que tenía una vida perfecta. Sin embargo, el empresario estaba en la cima de un castillo de naipes que se desplomaría. Vea También: Nunca rendirse. Una fe inquebrantable.

En el 2002, Escobar Montoya vio cómo su matrimonio terminaba, y no precisamente en los mejores términos, así que se dedicó de lleno a su empresa. Esta llegó a facturar 6.000 millones de pesos al año y dio buenos resultados hasta el 2005, pero los inversionistas estaban dudando, las cifras decayeron y en el 2007 llegó la quiebra. La siguiente parada de este ingeniero fue una habitación con baño compartido arrendada, en la que, según recuerda, solo cabían él y sus cajas de contabilidad: “Ese era mi paisaje: no una pared donde podía colgar un cuadro, sino una fila de cajas aquí, otra fila de cajas allá y una cama sencilla en medio (...) Yo lloraba, me preguntaba y pasaba unas noches eternas”.

Foto: Miguel Ángel Escobar

Entonces, un domingo cualquiera apareció su sobrino Óscar Andrés Escobar y le abrió una nueva puerta. Le pidió que lo acompañara a un evento laboral y lo animó a dar una charla, lo cual marcó el inicio de su nueva carrera. Miguel Ángel empezó a estudiar en las noches para ser facilitador, y en el día se dedicaba a comprar y vender mercancía, pintar, manejar o cualquier trabajo que le dieran.

Tres años más tarde, recibió su diploma y obtuvo un empleo en la compañía que lo capacitó. Luego cursó una maestría en ingeniería mental, se certificó en coaching espiritual y nuevamente se animó a labrar su propio camino. Creó su proyecto ‘Amar y la magia del sí’, que según explica nació al comprender que “(...) después de un ‘sí’ pasan cosas; el ‘no’ te ancla a tu momento y de ahí no te mueve nadie”. A este taller se le sumaron otros, como ‘Reconexión’, que trabaja la paz interior, y ‘HaSer Pareja’, que permite reflexionar sobre la relación  con uno mismo y con los demás.  Vea También: Nunca rendirse. Un milagro de amor. 

Actualmente, Miguel Ángel tiene la certeza de que ha vivido lo que tenía que vivir: “Si no hubiera pasado por eso, no estaría donde estoy. Estaría quizás en un hoyo más profundo”, asegura. A sus estudiantes, amigos, familiares y a todas las personas que le preguntan por su experiencia de vida, hoy les dice: “Hay luz, penumbra y oscuridad. Si uno llega a la oscuridad, es chévere. Lo que no es chévere es quedarse a vivir ahí”.

*Segunda parte del reportaje 'Nunca rendirse', publicado en la edición 761 de la revista Aló. Por: Jimena Patiño Bonza.

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