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Bienestar

Jairo Riascos, guerrero del agua y del escenario

Hasta que cumplió dos años, la vida de Jairo transcurrió como la de cualquier niño bogotano. Es el tercer hijo de cuatro hermanos, y su madre, María Mejía, y su padre, Pablo Riascos, se las arreglaron para sacar adelante a su familia.
Jairo Riascos, guerrero del agua y del escenario
Por: Cristina Morales

Hasta que cumplió dos años, la vida de Jairo transcurrió como la de cualquier niño bogotano. Es el tercer hijo de cuatro hermanos, y su madre, María Mejía, y su padre, Pablo Riascos, se las arreglaron para sacar adelante a su familia. Su vida tuvo un cambio radical una tarde, cuando jugaba con su hermano mayor: su pie izquierdo se enredó en la cadena de una puerta eléctrica y sufrió una grave fractura. “De inmediato me llevaron en ambulancia a la clínica más cercana, pero nos dijeron que no contaban con el equipo necesario para operarme. Lo mismo ocurrió en otros dos centros asistenciales”, recuerda. Cuando por fin llegaron a un hospital donde sí podían atenderlo ya era demasiado tarde y la única opción médica era amputarle la pierna por debajo de la rodilla.

Este fue un punto de quiebre para toda la familia, pero Jairo confiesa que tal vez por su corta edad y por no entender muy bien lo que le pasaba, lo superó más fácilmente. “A los pocos meses ya quería hacer las cosas como antes y tenía la misma energía y buena actitud de siempre, y creo que eso motivó a mis padres a buscar alternativas para rehabilitarme”, indica. Recuerda, como si fuera ayer, la primera vez que su papá lo llevó a una piscina. “Solo tenía seis años, pero no olvido la sensación de libertad que tuve en el agua, la agilidad con la que podía moverme sin la ayuda de nadie; era como si nada pudiera detenerme”, asegura. (Vea también: Arte que sana y rompe fronteras)


 

Pasaron dos años y lo inscribieron en una escuela de natación, donde pronto comenzó a competir. “La primera vez estaba muy nervioso, pero la di toda y al final me llevé la medalla de oro. Fue uno de los mejores momentos de mi vida”, enfatiza.
Después de esta competencia vinieron muchas más y cada mañana se motivaba con la frase que siempre le repetía su entrenador: ‘Solo los mejores rompen sus límites’. Y esta frase se convirtió en su mantra y así mismo lo impulsó a destacarse en otras disciplinas como el teatro y la danza. Cuando cumplió 16 años, sentía que había conquistado diferentes facetas de su vida, pero le faltaba una muy importante: contarles a sus padres sobre su orientación sexual. “Me costó hacerlo, temía perder su apoyo, pero una vez más su amor me demostró que todo es posible”, indica. (Vea también: Luis Alberto Carrera, le sonríe a la vida)
 


 

Tuve que abandonar la natación porque los directivos del lugar temían que contagiara a otros deportistas solo por entrenar con ellos en el agua. “Fue muy duro afrontar esa discriminación y entender esa reacción en personas a las que les diste triunfos, y me puso a pensar: ¿será que los deportistas solo somos importantes cuando ganamos medallas?”
“Hoy en día ya no nado, tuve que dejar de lado este gran amor, pero no me detuve; entreno fuertemente para ser un gran atleta. Mi sueño es llegar a unos juegos olímpicos y, por supuesto, el baile y las tablas siempre serán mis motores creativos”, concluye.

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