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Comidas y Bebidas

Los hábitos de alimentación se aprenden en casa

¿Cómo se come en su casa? Ya me imagino que la mayoría de ustedes, me contestarán que "muy bien". No
Thinkstock Comida en casa
Por: Agencia EFE

El mundo, especialmente el que se llama a sí mismo "primer mundo", ha cambiado mucho en los últimos años. Centrémonos en la comida que para muchos era la principal: la del mediodía. Antes, lo normal era hacerla en casa, con la familia reunida al completo en torno a la mesa. La pausa laboral era mucho más larga que ahora (dominaba la jornada partida) y las distancias, menores. Había tiempo de ir a casa y comer con la familia.

Hoy se prefiere la jornada continua, y la pausa del mediodía apenas alcanza para un almuerzo ligero en la cafetería de la empresa; la distancia del trabajo a casa complica la posibilidad de hacer un viaje de ida y vuelta a mediodía. Se come fuera, con los compañeros, y no en casa, con la familia.

En cuanto a la cena, es bastante irregular: mucha gente llega a casa, se pone más o menos cómoda (¿alguien se acuerda de cuando "vestirse para cenar" no era precisamente ponerse un chandal?), se prepara una bandeja con lo que encuentra a mano, quizás pasado por el microondas, y se apalanca en un sofá ante el televisor, o sitúa la bandeja al lado de su PC, o su Mac, y come al tacto, con los ojos en la pantalla.

¿Un tributo a los tiempos? Es posible. Como todo tributo, poco grato. Y una de sus consecuencias más visibles es la obesidad infantil, plaga de los países de ese "primer mundo". Pero eso es asunto de médicos más que de gastrónomos.

Lo que sí es cierto es que en la mesa familiar, en general, era donde se aprendía a comer. Por supuesto, modales, que cada vez son peores. Pero tampoco nos pararemos ahí. Lo que sí era importante era esa educación en la propia cultura gastronómica, algo fundamental a la hora de conseguir ciudadanos bien alimentados.

Todos sabemos que no es fácil que un niño adore las verduras, y que lo más frecuente es que el pescado le haga poca gracia; pero es en casa, con su familia, donde puede aprender que la comida incluye más cosas que pasta, ensaladas, croquetas, pizza y hamburguesas, y que, además de dulces industriales, hay maravillosos postres caseros y frutas. Ve esas cosas en la mesa, forman parte de su entorno, no le son extrañas. Las comerá, antes o después. Son, aunque no se dé cuenta, una parte de su cultura, y una parte irrenunciable, además.

La gente recuerda siempre, con nostalgia, los platos de su abuela, de su mamá. Valen perfectamente como referencias.

Naturalmente, en esa etapa se adquieren filias y fobias que hay que saber superar a medida que se van conociendo nuevas experiencias gastronómicas: hay que tener algo de curiosidad y cuantos menos prejuicios mejor para convertirse en un gourmet. ¿Qué no todo el mundo es un gourmet? Cierto; pero es bueno intentarlo. Y se empieza en casa, en esa mesa familiar a la que hay que acudir a una hora fija, aunque muchas veces lo que a uno le apeteciera fuese seguir un rato más con los amigos, o con la novia.

Por supuesto, no voy a parafrasear a aquel Padre Peyton, irlandés, que fue popular en los años 50 y 60, así que no afirmaré que "la familia que come unida permanece unida"; pero sí que aseguro, rotundamente, que quien está acostumbrado a comer en familia aprende a comer muchísimo mejor, en todos los sentidos. En el gastronómico, en el cultural y, por supuesto, en el social. No tengan ninguna duda.

Por: Caius Apicius

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