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“Ser mamá es una de las experiencias más poderosas”

A propósito del Día de la madre, la espectacular Andrea Serna nos contó cómo ha sido su vida desde que nació la bella Emilia, que en octubre cumple 4 años. Agradecida con la vida, más hermosa que siempre y orgullosa de su hija posó desde Cartagena con su princesa
Giorgio Del Vecchio “Ser mamá es una de las experiencias más poderosas”
Por: Sandra Paola Real

Nada más indefenso que un bebé al nacer. Por eso, entre los mamíferos, la humana es la especie más vulnerable, la que más necesita de sus padres para sobrevivir. Luego de 9 meses de vida intrauterina, en un ambiente donde todas las necesidades están satisfechas, debe brindársele una vida extrauterina lo más parecida posible. Esto significa contacto permanente, movimiento permanente, alimentación permanente, amor permanente… Algo que ha disfrutado al máximo Andrea Serna (41). Verla en su mejor faceta, como la madre de Emilia Barraza, su hija, es divino. Los deditos rosados y sedosos de la niña, que en octubre cumple 4 años, se pierden entre las manos delgadas y de dedos largos de Andrea. Son las manos activas de una mujer polifacética que estudió mercadeo y publicidad, que se ha ganado el reconocimiento y el cariño de la gente con trabajo y esfuerzo, pues empezó a laborar muy pronto como modelo, después como presentadora de entretenimiento, conductora de realities, locutora radial y ahora como diseñadora de modas. Manos de una mujer que cría a su hija, que a veces también la malcría, que le ayuda a elegir su outfit todos los días, que la lleva a sus cursos, fiestas, al parque. Manos de una mamá derretida de amor por una chiquita de sonrisa preciosa que le provoca sensaciones mágicas.Andrea todavía mira a esa beba con sorpresa, con incredulidad. Ya son casi cuatro años de mamá, 1.460 días juntas, pero no siente temor. Sabe que cuenta con el apoyo incondicional de su esposo, el empresario Juan Manuel Barraza.
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En algún libreto intangible, que alguna vez tuvo en sus manos Andrea, está escrito que la maternidad por sí sola mejora a una mujer, y la presentadora lo evidencia. El culto a ser madre yace en su capacidad femenina de abrir el corazón y dejar de pensar en sí misma para también pensar en su niña. Reivindica su posición amorosa para ponerla a disposición y satisfacción de los deseos de esa pequeñita que la enloquece y con la que ya firmó vínculos de eterna gratitud.

Esta es nuestra edición del Día de la Madre y tú ya celebras por cuarto año esta feliz fecha. ¿Cómo experimentas esta faceta que te cambió la vida? 
Aprendiendo. No paras de aprender. Para mí, esta es una de las experiencias más poderosas. El gran desafío está en llevarlos por el camino que crees es el mejor para ellos, para su futuro. Mi rol es el de llevarla de la mano por la vida. 
Cuando te entrevisté justo antes de ser madre y con la niña aún en la panza, revelaste que tenías algunos miedos... ¿Cómo has venido sorteando estos temas?
Ese ha sido uno de los regalos más sorprendentes que la vida me ha mandado con Emi. Cuando eres madre –y muchas de las que están leyendo se identificarán conmigo–, tu hijo te motiva a enfrentar lo que por años has creído que no tiene remedio. Yo (desde niña) le tenía mucho miedo a la interacción con animales, ¡físico miedo! Jugar con mascotas, montar a caballo y momentos que suenan simples para casi todo el mundo, para mí eran difíciles, sufría, me daba pena, pero era algo que me superaba. Cuando nació Emi me puse en la tarea de, al menos, no demostrarle nada de eso para no contagiarla de lo mismo, al contrario, quería que hiciera lo que yo me soñaba pero no lograba: jugar con perros, ordeñar vacas, darles maíz a las gallinas, ser una gran jinete, etc., y ¡adivinen! Así es; mi hija no solo ama a los animales, sino que además ¡le encanta montar a caballo! Con eso sentí que la tarea estaba hecha. Después vino la segunda parte: ella no quería que yo me quedara por fuera de su maravilloso mundo de vacas, terneros, gallinas y caballos, no; quería que yo hiciera lo mismo, así que la primera vez que me dijo: “Mamá, monta a caballo conmigo” o “mamá ayúdame a cargar el perro que está muy grande”, saqué las fuerzas no sé de dónde (motivación de madre) y lo hice. Hoy por hoy, voy en buen camino con todo este tema.

¿Cómo es el acompañamiento de tu esposo como padre, una labor tan importante? 
Juan Manuel es un papá hermoso, son compinches; es tiernísimo y gran coequipero para mí. Emi le dice “papini” y él se derrite.
¿Te planteas la posibilidad de darle un hermanito a Emilia?
La posibilidad está ahí; recibiríamos un hermanito felices, pero hay que esperar a ver qué nos tiene la vida en el camino... Siempre te preguntan por qué no quieres ser madre, pero nunca por qué quisiste serlo. Simplemente llegó el sentimiento. Antes pensaba que algún día lo sería, pero no sabía cuándo; después de tres años de matrimonio dijimos: “Es el momento, así que manos a la obra”.
¿Qué fue lo que te motivó?
Vengo de familia caldense muy numerosa, crecí no solo con mis hermanos, a los que adoro, sino con mucha 'primamenta' a mi alrededor; si les doy la cifra se desmayan, tengo más de sesenta primos hermanos. Con esto lo que les quiero decir es que siempre me gustó un núcleo familiar amplio, así que 'debía' hacer mi aporte (risas). 
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