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Sebastián Martínez, un padre único

El actor comenzó a escribir su historia en la paternidad con pie derecho, hace 11 años cuando le dio la bienvenida a Amador, su adorado hijo. Con cada experiencia han llegado los aprendizajes y hoy afirma ser un papá muy consciente, sentimiento que lo llena de orgullo
Camilo Leal Sebastián Martínez, un padre único
Por: Sandra Paola Real

El rol tradicional, patriarcal y severo en la crianza de los hijos ha ido evolucionando hacia la concepción de un “nuevo padre”, caracterizado por su apasionada y activa participación en la crianza de sus amados niños… Basta ver la forma como Sebastián Martínez (37) observa a Amador (11), cómo se ríen, juegan, bromean, se abrazan y su impresionante complicidad, para entender que el actor –quien nació en Medellín, pero vive desde los 5 años en Bogotá– es un defensor y vocero de esta tribu de progenitores más conscientes. Lejos de ese miedo que generaban los papás de antes, los de hoy se han transformado en figuras que crean, mantienen y fortalecen los lazos afectivos con sus hijos. En ellos existe el deseo profundo de ejercer de forma plena la paternidad y su mayor objetivo es mantenerse presentes en la vida y en la crianza de sus hijos. Por eso, Sebastián no ha escatimado esfuerzos para acercarse a su pequeño, disfrutar cada momento que pasan juntos y gozarse al máximo este regalo que le dio Dios. “El ser papá te vuelve una persona más profunda y te invita a cambiar, a seguir creciendo como ser humano. Amador llegó para revolucionarme, a concientizarme y para hacer muchos cambios positivos en mi vida”, revela.


Confiesa que en este niño sonriente, bello, lleno de luz, de ojos negros profundos y algo tímido hay un maestro que lo ha convertido en una mejor persona: “Gracias por todo lo que me has enseñado, Amador, sin siquiera tú saberlo. Hoy, soy un mejor ser humano gracias a ti”, asegura el amoroso Sebas, quien nuevamente se robó nuestro corazón con su personaje en la telenovela Pa’ quererte. Y con su generosidad característica, asegura que Kathy Sáenz, su compañera de vida desde hace 14 años, juega un rol fundamental en esta relación padre e hijo: “No sabes lo afortunado que me siento de estar al lado de ella, siendo testigo de la maravillosa madre que es Katica. Ella es mi prioridad, mi todo; formamos una gran dupla como padres”, dice. Disfrutando su vida familiar, debutando como agricultor con su huerta y su invernadero caseros, el actor nos abrió las puertas de su casa y de su hogar para dar a conocer un poco más de su faceta como papá, que tanto lo enorgullece.


¿Cómo te enteraste de que estaban embarazados de Amador?
Fue un momento sumamente especial, muy bonito, porque estábamos con Katica en Machu Picchu. Andábamos de paseo y estábamos hospedados en un hotel superlindo, había Luna llena esa noche, era una velada especial y ahí nos enteramos. La verdad, fue un momento muy emotivo para ambos, muy alegre, nos abrazamos fuerte y nos besamos, y todo el entorno, el sitio, la atmósfera fue muy, muy especial. Ambos lo deseábamos mucho.
Según me contó Kathy en alguna entrevista, te conectaste inmediatamente con el bebé...
   Precioso, fue una belleza. La verdad es que Katica se puso divina en el embarazo, estaba muy bella y sentíamos esa alma que venía en camino, entonces fue muy bonito porque siempre habíamos querido tener un hijo y fue un embarazo muy tranquilo, muy amoroso, muy consciente y muy cuidado, porque Dios nos regaló la fortuna de tener un hijo y lo cuidamos mucho desde el embarazo. Hubo respeto y ambos lo hicimos todo para que el bebé se sintiera muy bienvenido. 
¿Cómo fue cuando lo tuviste en brazos?
Me acuerdo que salió el ginecólogo a entregárnoslo y las primeras que lo alzaron fueron sus hermanitas: Alana y Shenoa. Ellas lo recibieron, lo cargaron, lo besaron y luego lo tuve yo en mis manos y fue una sensación muy loca, sublime, única, una belleza, y la primera nochecita, durmió toda la noche acostadito en mi pecho y desde ahí se generó una unión muy especial.

Con los años ese vínculo se ha ido fortaleciendo, ¿Cómo lo has logrado?
Yo creo que ha sido una bendición de Dios. Creo que Él ha querido que sea así todo. He tratado de hacer lo mejor que he podido como papá, le he dado el cien por ciento de mí y no me arrepiento de absolutamente nada, y sobre todo he sido un papá muy presente, muy consciente, sabiendo la responsabilidad de tener un hijo y lo que esto conlleva, porque para tener la conciencia tranquila ante Dios y ante la sociedad, uno debe hacer todo lo mejor por esa alma.
Tus jornadas de grabaciones no son sencillas. ¿Cómo logras encontrar ese tiempo de calidad?
Cuando trabajo, la verdad, es muy difícil. La verdad es que no queda tiempo; me voy antes de que se vayan para el colegio y vuelvo cuando ya se van a dormir. En esos tiempos de trabajo es complicado, por eso los fines de semana trato de aprovecharlos al máximo y de que exista ese tiempo para ser papá día y noche. Sin embargo, gracias a mi profesión también existen tiempos muertos en los que no trabajo y ahí se compensa mucho, porque son meses en los que me dedico a él completamente. Parchamos mucho tiempo, compartimos, entonces creo que ahí se compensa un poco.
¿Comparten muchas pasiones como padre e hijo?
A ambos nos gusta muchísimo el deporte y sobre todo el juego. Me acuerdo de que su primera bicicleta se la compré como al año y dos meses, y ya se tiraba por lomitas. Siempre ha sido superarriesgado. Eso se ha ido afianzando y el hijo ve en su papá sus hobbies y los empieza a disfrutar mucho también, y a ambos nos gustan los carros. Disfruta mucho viendo las motos, aunque es un poco más consciente que yo en ese tema y les tiene más respeto. Es muy chévere porque tenemos esos puntos de encuentro.

LA ENTREVISTA COMPLETA EN NUESTRA EDICIÓN IMPRESA  

  
  

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