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"De cómo llegué a ser parte de la NYU", Valentina Patarroyo

Es modelo, actriz, bailarina y habla cuatro idiomas. Cuenta con una certificación en ciencias de nutrición de Stanford School of Medicine Online y estudia desarrollo internacional con focus en ciencias políticas en la Universidad de Nueva York
"De cómo llegué a ser parte de la NYU", Valentina Patarroyo
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Para darle comienzo a este espacio donde me apoderaré de la ‘capital del mundo’ a través de esta columna, antes que nada siento que debo explicarles cómo llegué aquí, específicamente como terminé estudiando en la NYU —la universidad de mis sueños desde que tenía 8 años—. La primera clave para todo en la vida, incluyendo este sueño, fue organizarme, buscar la universidad y la carrera en la que quería estudiar y encaminar mis años de high school para llegar aquí. ¿Mi mayor consejo? Tengan un plan claro y metas a largo plazo que sean específicas para poder materializarlas de la mejor manera.


Primer gran interrogante: ¿Qué tan segura te sientes de la universidad que escogiste? Honestamente les digo, por experiencia propia, que no hay nada mejor que ir presencialmente a visitar el campus para tener nuestro momento Elle Woods o Lara Jean y decir “aquí es donde quiero estar”. Entonces, paso número uno, encontrar ese lugar, así sea una visita virtual o presencial —just covid things I know—. Cuando ya se tiene la carrera y la universidad, el resto habla por sí solo. Para la NYU y la mayoría de universidades de acá, la aplicación se hace a través de un sistema llamado el Common app, donde uno como estudiante se encarga de mandar sus notas de los últimos tres años de colegio, sus horas de servicio social, títulos recibidos durante el bachillerato y escribir ensayos que llenen nuestro perfil estudiantil. En mi caso, para aplicar a la carrera en la que estoy tuve que hacer un ensayo de por qué quería ser estudiante de la NYU más que cualquier cosa en esta vida —lo llamo “ensayo”, aunque el límite de palabras era 250 y estas decidieron si Valentina cumplía su sueño más grande o no, obvio, nada de presión lol—. Ahora, en términos de tiempos, estas aplicaciones se deben empezar a hacer al comienzo de nuestro último año de colegio, ya que el deadline definitivo para mandar aplicaciones de este tipo es el 1 de enero —en mi caso, llené 8 aplicaciones a 8 universidades en septiembre/octubre del año pasado para recibir respuesta en marzo/abril del 2021—. No podemos olvidar también que tenemos que aplicar a más de una institución: tener plan A, plan B, y así sucesivamente, es mejor que depender de una sola institución.

Otra clave que hace que este proceso sea mucho más fácil es aprovechar nuestro estatus como estudiantes internacionales. Las universidades americanas aman a los estudiantes internacionales porque les brindan prestigio, y aprovechar esto es una manera de asegurar que nuestra vida en Nueva York se convierta en una realidad. Por ende, el manejo de un inglés de alto nivel académico es crucial. No hay nada mejor para un estudiante internacional que presentar un puntaje de TOEFL o IELTS (exámenes que validan nuestro nivel de inglés) más que alto —demostrar que las barreras del lenguaje no serán un problema hace el proceso menos tedioso para los de admisiones—. La mejor estrategia es optar por obtener un TOEFL entre 110-120, ya que un puntaje así abrirá más de una puerta en el futuro, y no solo en la universidad.

¿Saben qué también abre puertas? El servicio social. Aquí ya no se trata de la cantidad, sino de la calidad de servicio: crear impactos verdaderos y proyectos de longevidad es una de las causas que más conmueven y manejan al sistema educativo americano de universidades. Ahora, no les estoy diciendo que arreglen el problema de agua en La Guajira, pero sí les digo que hagan servicio en su comunidad y traten de generar un cambio que les salga del corazón y sea significativo —además es algo que todos deberíamos hacer por el simple hecho de querer ser mejores seres humanos.
Entonces, vamos a oficializar el proceso: Encontrar, conocer, organizar, aplicar, escribir y recibir. ¿Alguna vez han escuchado algo más sencillo, pero complicado? Por más que amé entrar a mi universidad de ensueño, déjenme decirles que no repetiría ese proceso ni porque me volviera influencer del college board. Al final del día, cada persona termina donde debe de terminar y soy fiel creyente de eso, así que cero estrés y pura autenticidad colombiana hasta el final. Lo digo hoy y siempre, lo que le falta a toda universidad en el mundo es un corito sano y un colombiano que le ponga sazón al asunto para hacer de ese el mejor lugar en el planeta Tierra.

 

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