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Carmen y Sebastián: Una historia de amor verdadero

Son una de las parejas más lindas (y menos típicas) del panorama nacional. Ávidos de conocer más sobre la historia de amor entre la actriz barranquillera y el actor bogotano, los fotografiamos para celebrar su primer año de casados y para conocer sus proyectos venideros
Carmen y Sebastián: Una historia de amor verdadero
Por: Sandra Paola Real

Carmen Villalobos y Sebastián Caicedo coinciden en que entre todos los mitos que giran alrededor de las relaciones de pareja, uno de los más dañinos es el del amor perfecto. “Nos perjudica porque idealizamos a la pareja; no podemos dejar de verla como un ser humano, con cosas buenas y con defectos también”, sostiene la actriz barranquillera, quien lleva 13 años junto a su adorado ‘Sebas’. “Es lo que nos han vendido el cine, la literatura; quieres que esa historia de amor perfecto y para siempre te esté pasando a ti, pero el amor de verdad es otra cosa, es compromiso, es entrega total, es tener acuerdos, ser leales”, asevera Sebastián, quien no deja de mirar con ojos enamorados a su adorada Carmen.

Se adoran, es evidente, pero su amor lo han construido con esfuerzo, con compromiso y entrega a través de los años. La televisión nos ha bombardeado con la idea de la media naranja, del amor eterno y con esas relaciones ideales que saltan de las pantallas a la realidad. Sin embargo, al escucharlos hablar y al entender cómo la individualidad, el amor propio y el respeto por el otro juegan un papel determinante, es que entendemos que en la vida real las historias de amor empiezan justamente donde los cuentos y dibujos animados de príncipes azules acaban: cuando hay que enfrentarse a la convivencia, a los viajes de cada cual, a los horarios complicados por las grabaciones, a vivir con la especulación constante de una relación en crisis, a verse con sus virtudes y sus infortunios, y quererse a pesar de ello. El próximo 18 de octubre, Carmen y Sebastián celebran su primer año de casados y aseguran que este 2020 ha sido para disfrutarse, para materializar sueños, para crecer espiritualmente, y en el que también han experimentado puntos de quiebre, un año ‘sui géneris’ que trajo replanteos, preguntas y nuevos caminos.


¿Cómo les fue viviendo el confinamiento?
Carmen: Después de un ritmo de trabajo tan duro, la vida te pone en situaciones en las que te ves enfrentado a frenar de repente y es muy raro. Venía de Puerto Rico de ser la presentadora de unos premios de música urbana y al llegar a la casa, ni siquiera pude entrar a mi casa, fue definitivamente un proceso retador. Gracias a Dios pude llegar al país y pasar la cuarentena en un apartamento alquilado, y pese a no estar en nuestro hogar, fue lo mejor.
Sebastián: También venía de trabajar duro en un proyecto, pronto sabrán de qué se trata. Pero este tiempo me hizo darme cuenta de que sí es necesario tener un plan B. Creo que cada persona tiene la responsabilidad y debería saber que no es sano tener todos los huevitos en la misma canasta, y creo que esa una de las mayores enseñanzas que me dejó este tiempo. Es por esto que después de sentirme golpeado y ofuscado, dije “no más”, y me adentré en un nuevo proyecto, se lo presenté a Carmen y juntos compramos un terreno para comenzar a cultivar.
¿Cómo les ha ido conociendo este universo?
C.: La idea es adecuarlo, y nuestro sueño es poder comenzar a trabajar desde el ámbito agrícola. Sebas es quien está delante del proyecto como todo un agricultor profesional.
S.: Admiro mucho a los campesinos de nuestro país, pues tras meterme de lleno en un área desconocida para mí, comencé a entender el esfuerzo que implica el trabajar una tierra, por pequeña que sea, y me duele en el alma pensar en la forma vil en la que son retribuidos después de tan arduo esfuerzo.

¿Cómo asumen este sueño compartido?
S.: Pocos saben que comencé estudiando ingeniería ambiental; la verdad es que tuve que dejarla por el tema de las matemáticas (risas de Carmen), pero si hubiera sido ecología, de seguro habría terminado la carrera. Desde hace mucho tiempo venía rondando en mi cabeza la idea de adquirir una tierrita. Le decía a Carmen que la vida y el futuro son tan inciertos que me parecía oportuno poder tener un campo abierto en donde pudiéramos tener acceso a una fuente de agua, una huertica orgánica y animalitos. Después de desearla durante un tiempo, Diosito nos puso esa tierra en el camino, en donde podríamos adecuar el espacio para hacer todo eso que deseábamos.
C.: Somos una pareja y estamos para apoyarnos. Hemos trabajado siempre como un equipo y me hace muy feliz ver a Sebas tan dedicado, hacer un alto en su carrera y seguir su sueño. Al comienzo, Sebastián tuvo una primera idea de tener gallinas para poder producir huevos orgánicos, pero yo no iba a permitir que en una tierra nuestra hubiera sufrimiento animal. Así que ahí fue cuando encontramos lo de los arándanos. Y quedé enamorada.
De la actuación a producir arándanos…
S.: Es una locura porque hemos comenzado, literal, a armar un equipo de profesionales, y cuando veo al agrónomo, al labrador de la tierra, al arquitecto digo, “¡juepucha, yo en qué me metí!” (risas). Esto es un sueño, y a los sueños hay que trabajarles. Nada es fácil y ahí vamos.
¿Cuál es su mayor aprendizaje durante el confinamiento?
C.: La paciencia. Ambos tenemos un carácter bastante explosivo y el tener que aprender a convivir 24/7 es un reto, un día a día al que le tienes que trabajar muchísimo.
S.: Ambos somos muy independientes y creo que esa ha sido la clave para lograr una relación estable entre retos como la distancia o el tiempo. Nosotros nos amamos, pero cada uno tiene su estilo de vida. Ninguno le pide permiso al otro, hacemos lo que queremos, pero nuestro amor crece y crece cada día.
 

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