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Carolina Guerra ¡Un viaje a su interior!

Desde niña ha sentido un llamado especial por ayudar a los que lo necesitan. luego de servir al pueblo chocoano, descubrió un nuevo sentido para su vida. espera fervorosamente volver a actuar en el país.
Carolina Guerra ¡Un viaje a su interior!
Por: Sandra Paola Real

El selvático departamento del Chocó, en el Pacífico colombiano, y sus playas, en Nuquí, hábitat de tortugas marinas, donde cada año, a partir de julio, llegan las ballenas jorobadas para parir y cuidar sus crías, fue el escenario elegido para realizar esta bellísima producción de portada. Le seguimos la idea a la bella actriz Carolina Guerra (34), quien se enamoró de estas fantásticas tierras cuando apenas era una niña. Viajó en compañía de su familia. Apenas tenía ocho años, pero aún recuerda esa sensación de la arena suave en sus pies, los cangrejos saliendo al camino, asustadizos y simpáticos, y las corrientes de aguas transparentes que bajaban hacia el mar. Su sonrisa se dibuja aún más cuando narra que allí, en esta tierra de gente generosa y asombrosa, la mirada siempre debe estar atenta a las copas de los árboles, donde se posan tucanes de colores blanco, amarillo y rojo. En las playas, que ofrecen unos paisajes realmente espectaculares, no solo por esos cambios tan grandes de las mareas del Pacífico, sino por la selva, ese bosque denso y verde, que llega hasta la misma playa apenas unos metros de la orilla del mar, y donde su gente, sonriente, sus panitas, como los llama, le llenan el alma cada vez que los visita.



En Nuquí se encuentra una de las zonas más biodiversas del mundo. Ubicado al sur de Bahía Solano y la Ensenada de Utría, en el golfo de Tribugá, este fue nuestro destino elegido: La Playa Morromico, un ecohotel mágico atendido por sus propietarios, la amorosa familia Montoya- Tabares, para hacer las fotos y narrar la historia solidaria de Carolina Guerra.
Era la primera vez que el equipo de trabajo se trasladaba hasta allí. Por eso, Juan Moore, el fotógrafo, Andrés Yepes, el productor de moda, y Daniela Uribe, la maquilladora, coincidieron en que el cielo los deslumbró: es a veces gris, a veces azul marino, a veces tornasol. Pura magia de un destino, sencillamente alucinante.Carolina, una mujer todoterreno (actriz de éxito, presentadora de varios formatos, esposa, madre de dos perros y activista social), personifica (y en qué cuerpo lo personifica) el ideal femenino del siglo XXI: el de una mujer multitarea, que no solo sabe gestionar su vida laboral, familiar y social con maestría, sino que sale airosa del reto... y asume, por si fueran pocos, unos cuantos más. Conocimos su faceta altruista, la de la mujer socialmente comprometida, y nos quitamos el sombrero ante ella.


¿Cómo te sentiste haciendo estas fotos en un lugar que significa tanto para ti?
Fue un sueño y además fue muy emocionante porque ninguno del equipo había ido, y es que para donde uno mire es un espectáculo. Es una cosa y una energía muy especial, es un lugar muy mágico. La gente tiene un sentido de comunidad que uno no ve en muchos lugares. Es impresionante, es increíble.
¿Cómo te enamoraste de esta tierra?
Es imposible no hacerlo. Yo he viajado mucho, pero no he encontrado un paraíso como este en ningún lado. Es un lugar de muy difícil acceso, no todo es carreteable, la inseguridad está tenaz, pero es bellísimo. Condoto, por ejemplo, es un territorio de alguna manera neutro y es precioso. Riosucio es espectacular. La primera vez que fui, me puse a hablar con un loco de la van y le pregunté por el tema de seguridad, obviamente sabía al respecto, pero quería que alguien de ahí me contara, y él me dijo: “No, manita, suena raro, pero aquí es una bendición que haya solamente paramilitares, entonces todo bien”. Es tenaz, pero es la realidad.


¿Cuándo fue la primera vez que fuiste al Chocó?
Fui chiquita una vez, tenía ocho años y no volví. Pero esta fascinación por esta tierra es de mi hermana y mía… de hecho, ella acaba de hacer su maestría en arquitectura sostenible para espacios de dominio público y la hizo sobre el Chocó. Nati hizo un voluntariado para construir unos baños especiales con un sistema sostenible en Coquí, ahí cerquita a donde hicimos las fotos. Este lugar es un paraíso, es impresionante de divino, desde la riqueza natural, cultural, espiritual, ¡todo! Es que es impresionante y me da mucho dolor que lo tengamos tan descuidado.
¿Cómo ha sido tu labor de voluntariado?
Ellos son nuestros hermanos y hermanas, entonces para mí la bendición más grande ha sido poder ir allá. Eso hace toda la diferencia desde el momento que uno llega, pues uno no puede amar lo que no conoce, y ha sido una lección muy grande poder ir al territorio y trabajar con la comunidad.
¿Cómo empezaste?
Fue durante la pandemia. Digamos que como mi primer acercamiento para articular algo concreto… He apoyado mil causas toda la vida, pero una cosa es apoyar algo y otra cosa es empezar de cero, y me metí hasta el cuello. Hay un loco que se llama Luis Ernesto Olave, que es un defensor de derechos humanos, y me escribió un día, ni me acuerdo por qué terminamos hablando, y me dijo: “Manita, la situación en Chocó está muy complicada y ahorita con la pandemia está peor, la gente se está muriendo de hambre. Te mando un informe para que tú entiendas por qué estoy tan preocupado”, y me desbarató el alma. Lloré tres horas y entendí que tenía que hacer algo… También me llamó Victoria Sierra, de Somos Uno, y le dije: “¿Me puedes guiar?” Y me dijo: “Hagámoslo de una”. Todas las puertas que toqué, todo el mundo me decía que sí y yo dije “okay, estoy en el camino que es”. Pobre David, mi esposo, porque me oyó decir el discurso 100 veces y fue muy lindo descubrirme en esta faceta y pedir favores para un pueblo que tanto lo necesita.
 

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