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La resiliencia de Daniela Álvarez

La exreina, presentadora y empresaria a quien una isquemia le arrebató su pierna izquierda, nos cuenta su historia de superación. Ella es una auténtica mujer valiente, que irradia luz y poderío en cada una de sus palabras y nos enseña a valorar lo realmente importante
Hernán Puentes La resiliencia de Daniela Álvarez
Por: Sandra Paola Real

No llegas a comprender el verdadero significado de la palabra confianza sino hasta que ves a una persona amputada estando de pie, apoyada sobre su única pierna y pie, que aún no siente del todo. Primero ayudada por sus muletas y luego muy concentrada, haciendo equilibrio y todo el esfuerzo para mantenerse erguida, posando como la top model que siempre ha sido y sonriendo sin parar. Con su porte elegante, controlado y vertical con los que proyecta fuerza, poder, incluso sabiduría. Es ese control de su cuerpo, incluso más que su adorable y perfecto rostro, lo que ha hecho de ella una estrella. Como muchas reinas y modelos, Daniela Álvarez (Barranquilla, 1988) fue descubierta cuando era una adolescente. Desde sus inicios fue una sensación, con su gracia, su sonrisa y su hipnótico paso. En pleno 2011, entre un grupo de anónimas reinas, ella captaba todas las miradas y, desde entonces, ese vínculo tan íntimo entre la cámara y la modelo, que genera una relación simbiótica, se mantiene intacto. Poco importa que le falte una de sus extremidades; su cuerpo esbelto, de músculos esculpidos y fuertes, sigue definiendo su espíritu combativo. Pero su atractivo va más allá de lo físico, su verdadero poder reside en su interior, en su fortaleza y en su amor propio. Ella vibra con energía y felicidad.

Basta ver cómo la admiran sus miles de seguidores para entender que es una mujer con ángel. “Estoy aprendiendo a aceptarme y a quererme más, a agradecer por mi vida y a vivir sin mi pierna”. Para la exreina, modelo, deportista, presentadora y empresaria, el humor y el positivismo son fundamentales. Ni una isquemia, ni cinco cirugías le han hecho perder la sonrisa y, al contrario, la han impulsado a lograr metas que jamás había pensado que podía conseguir.  “Le he dado muchas vueltas a la vida en estos días y la conclusión es que hay que abrazarla siempre”, afirma antes de contar su historia. La de una mujer disciplinada, deportista y muy fuerte a la que le cambió para siempre el guion y la perspectiva…

¿Cómo inició este año lleno de cambios para ti?
Venía muy contenta con mi emprendimiento, mi boutique de ropa Daniela Álvarez y luego de haber estado trabajando tanto, decidí tomarme el mes de febrero de manera más amena. Viajé a Estados Unidos a esquiar y en busca de mercancía nueva. En marzo, la pandemia arrasa con el país, y para no quedarme solita en Bogotá, viajé donde mis padres. Aproveché mis piernas al máximo; ese último mes hice ejercicio, bailé, hacía en vivos de bachata en mi cuenta de IG y me mantuve muy activa. Un día, estando en Cartagena, mientras veía televisión, pasé mi mano por mi abdomen y sentí una bolita extraña en mi barriga…
¿Presentiste algo malo en ese momento?
No, pero transcurrieron tres semanas más y la bolita no desaparecía, por lo que fui al médico para tomarme unos exámenes. Aquel día fui sometida a mi primera ecografía de tejidos blandos, sin embargo, esta no pudo reconocer de qué se trataba. La masa estaba más profunda, por lo que me condujeron a un TAC. Recibimos los resultados, pero el radiólogo al final del examen escribió la palabra ¿linfoma?, y comencé a preocuparme bastante.

¿Qué opinaron tus padres al respecto?
Aún no les había contado. mi mamá estaba en Barranquilla, mi papá en Santa Marta y yo en Cartagena con mi tía. Con un permiso especial nos fuimos por carretera hacia Barranquilla y junto a mi madre fui sometida a la toma de pruebas para la biopsia. Fue un procedimiento muy doloroso. Consiste en insertar una aguja gruesa por cada una de las capas de piel, músculo, tejidos, hasta llegar a la zona de la masita para extraer una porción de esta.
¿Estabas nerviosa?
Debo ser sincera; leí mucho al respecto y entré en pánico. Mi única arma para no sucumbir a la preocupación fue pegarme a la Virgencita. Con mi familia rezábamos el rosario todos los días, pidiéndole que me cuidara y me protegiera.
¿Qué decía el informe médico?
La doctora nos explicó que se trataba de una masa de baja densidad, que, tras ser extirpada, no existirían riesgos a futuro. Viajamos todos a Bogotá y allí mi médico tratante, que resultó siendo el primo hermano de mi mamá, Gilberto, una eminencia en trasplantes hepáticos, recibió mi caso y apaciguó la preocupación de mi mamá, explicándonos que sería un procedimiento de abrir, sacar y cerrar.
¿Cómo recuerdas ese día de la operación?
Estaba bastante tranquila, confiando mucho en mi médico, pero más aún en Dios. Desde pequeña he estado muy cerca de Él.
¿Qué pasó entonces?
En aquel instante entendí que hay momentos en los que nuestras vidas sufren un giro de 180 grados...

LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN IMPRESA 

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