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El renacer de Jessica Cediel

La periodista, presentadora y actriz ha renacido de las cenizas y luego de un año complicado, hoy se siente fuerte, sana y lista para triunfar en sus proyectos laborales y personales.
El renacer de Jessica Cediel
Por: Sandra Paola Real

Jessica Cediel, la presentadora de televisión, la actriz, la modelo, la hermana, la hija y el amor platónico de miles, volvió a nacer el 21 de diciembre del 2019. En realidad, ha renacido no una, sino cuatro veces, cuando se ha sometido a una nueva extracción de biopolímeros en una clínica bogotana. Esta fue su cuarta intervención quirúrgica para terminar de retirarle el material que aún se multiplica dentro de su cuerpo. Lograron extraerle el 85 por ciento de este producto, un veneno que mata silenciosamente a cientos de mujeres. Luego de meditarlo, de ponerse en manos del doctor Iván Santos y de Dios y de buscar una solución de raíz a sus dolores, Jessica decidió someterse a “la técnica abierta” para intentar extraer la mayor cantidad de biopolímeros posible. Los dolores, por las heridas, un dren para segregar líquido y el calmante que ya no hacía efecto, le causaban un sufrimiento inmanejable. Pero no era solo dolor, era también miedo. “Una vez que pasó ese momento, me dije que tenía que salir de ahí como fuera”.

Y salió de ahí. Vaya que sí salió Más fuerte que nunca. A base de fuerza de voluntad. Pidió al cielo que pudiera retomar su vida cuanto antes porque estaba convencida de que la adrenalina de su trabajo le iba a ayudar tanto o más que los calmantes para soportar los dolores de las lesiones. Y así ha sido. Aún con los drenes puestos y ayudándose con una faja, así rodó una película, recibiendo inyecciones para paliar los terribles dolores de espalda y llevando a cabo un estricto programa de rehabilitación. Aquel incidente —el día que tomó la decisión de inyectarse un supuesto ácido hialurónico y que terminó siendo un biopolímero— marcó un antes y un después en su vida. La ancló en el presente, en el aquí y en el ahora. “Cuando ves la muerte cerca, recolocas toda tu vida. Aprendes a verla de otra manera, y esto que todos creemos que lo sabemos, se nos olvida. Cuando te ocurre algo, eso que siempre crees que les pasa a los demás y no a ti, te sirve para no dejar demasiadas cuentas pendientes. Y sobre todo para intentar disfrutar el día a día, apreciando las cosas sencillas”.

Habla con vehemencia y ante determinadas preguntas mide cuidadosamente sus palabras. Elige bien cómo explicar cada respuesta, pues no quiere victimizarse. La entrevisté en un restaurante en el norte de Bogotá, a un par de cuadras del apartamento en el que vive con su mamá. Brindamos con aromática, pues nuevamente le sonríe la vida con mucho trabajo y éxito.

¿Cómo te fue el año pasado, un ciclo de tanto movimiento?
Fue un año de mucho aprendizaje, a todo nivel. Yo creo que a veces la vida se encarga de ponerte en situaciones de prueba para ver qué tan fuerte o qué tan capaz eres. Hoy en día, gracias a Dios, me siento muy bien. Fue algo paliativo, pero sí me mejoró mi calidad de vida, mi condición física, como la sintomatología, y eso se nota, se refleja y me siento supremamente feliz y agradecida. Es como una nueva versión de Jessica, guerrera como siempre.
¿Cómo te fue en esta cuarta cirugía?
La técnica abierta era la mejor opción, era la manera más propia para tratar de limpiar y remover la mayor cantidad posible de ese producto. No se puede hacer del todo 100 por ciento porque es imposible y hay residuos de ese material que todavía quedan por ahí, pero un 85 por ciento fue retirado y me siento como una mujer nueva.
¿Qué tal la recuperación?
Fue un proceso especial porque, aunque mentalmente intentaba estar bien y me dijeron que “en un mes y medio estás bien”, ese mes y medio se me convirtió en tres meses y medio en donde tuve muchas subidas y bajadas. No entendía por qué, si yo hacía todo, si oraba, comía lo que tenía que comer, si me hacia las curaciones y me tomaba mis medicamentos, mi cuerpo no respondía, y es porque obviamente esta cosa es un daño y el daño ya está hecho y es la manera que tuvo el cuerpo de defenderse. Al final, logré salir adelante gracias a mi Dios bendito, pero me costó mucho…

¿De dónde sacabas fuerza?
Antes de exigirle a mi cuerpo, fue momento de agradecerle, de escucharme y decir: “¡Listo, vamos, vamos, vamos!”. Gracias a Dios tuve el acompañamiento de mi familia todo el tiempo y me siento feliz con esta cicatriz grandota que me identifica, que me recuerda que tengo una guerra más ganada para la obra de Dios. Estoy sana, que es lo más importante; ya lo demás es pasajero.
¿Cómo recuerdas ese primer día que te viste esa cicatriz?
Muy duro. Al comienzo ni siquiera podía verme porque el choque emocional y del alma es muy fuerte. Produje más líquido de lo normal y el cuerpo en lugar de eliminarlo lo acumulaba como agua, que se alojaba en el estómago, en el abdomen o en la nalga, y esa agua había que sacarla porque si no podía convertirse en infección. Se me abrió la cicatriz, me hicieron lavados, curaciones, me chuzaban, tuve recaídas; entonces, al final entendí que tenía que vivir todo para poder sentirlo y seguir manifestándolo públicamente para ser testimonio de vida.

 

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