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Mónica y Juan Pablo celebran su amor real

El amor no lo cura todo, pero casi todo. ellos son Afecto, son besos, abrazos, mirarse con dulzura... viajamos a Cartagena para celebrar los primeros 10 años de casados de la pareja y para festejar el 'cumple' # 9 de Joaquín junto a Josefina. son la familia más linda.
Mónica y Juan Pablo celebran su amor real
Por: Sandra Paola Real

Mónica Fonseca y Juan Pablo Raba se encontraron en la vida luego de haber estado casados, de tener un aprendizaje sobre el amor y de haberse divorciado, entonces, coincidieron para primero ser buenos amigos y luego enamorarse, casarse, tener hijos y conformar una familia muy bonita. Mónica encontró en Juan Pablo Raba la estabilidad que tanto ansiaba y luego completó su bonita historia de amor con la llegada de un bebé, su primer hijo, Joaquín, que nació en el 2012 y después, en el 2018, con el nacimiento de Josefina, su bebita.  Y Juan Pablo encontró en ella a una mujer positiva, vivaz, incansable, que lo motiva, lo alienta y es la mejor madre que pudo haberse imaginado para sus hijos. Lo más bonito es que ellos viven un amor real, ese que se construye todos los días y se alimenta de momentos buenos y malos, de luces y de sombras, pero en el que siempre prima el bienestar de ambos y el hacerse felices mutuamente. Son conscientes de que su amor empieza, justamente, donde los cuentos y dibujos animados de príncipes azules acaban: cuando hay que hacer frente a la convivencia, a verse tal cual son, con sus virtudes y sus errores, y quererse a pesar de ello. Por eso, quisimos celebrar sus primeros 10 años de casados en Cartagena, donde realizamos estas fotografías.


Mientras Mónica habla, su esposo, Juan Pablo, escucha con atención y ocasionalmente toca su brazo y le sonríe. “El amor no depende de cómo te sientes o incluso de lo que piensas. En cambio, es hacer un compromiso incondicional con la otra persona y trabajar todos los días por alimentar esa relación”. Se nota que entre ellos sigue viva la pasión, que hay amor verdadero y que tras una década juntos y de renovar sus votos matrimoniales con la entrega de unas preciosas argollas, ese mito de los cisnes, que representan el amor eterno, es cierto. Los cisnes son monógamos: una vez encuentran su pareja, se unen a ella de por vida, separándose en las migraciones y volviendo a encontrarse hasta la muerte…

¿Cómo han sido estos 10 años juntos?
JUAN PABLO: Realmente es impresionante, pero se pasa muy rápido. Yo miro atrás y no sé si es por todo lo que hemos hecho, todos los viajes que hemos tenido la fortuna de vivir, de trabajos, pero el tiempo se me ha pasado a toda. Yo no puedo creer que ya sean 10 años. Hay una sensación de mucha alegría, incluso de triunfo. Es una sensación de que, literalmente, se hace camino al andar. Siento que permanentemente nos han vendido la idea de que la meta es el matrimonio, pero luego de vivirlo en carne propia, te das cuenta de que la ceremonia es apenas el comienzo, el inicio y el nacimiento de un camino completamente nuevo, pero emocionante. Construyes una familia, un hogar, y puede que sea agotador a veces, pero en tu corazón comienzas a descubrir lugares y sensaciones invaluables. Después de 10 años, ahí seguimos, creciendo, pero lo más lindo de todo, conociéndonos, cada uno a sí mismo.
MÓNICA FONSECA: A uno le venden una idea equívoca de lo que es el matrimonio y la vida en pareja. Pero resulta que cada pareja es diferente, y uno comienza a descubrir cómo funciona la relación a lo largo del camino, si uno decide no desfallecer. El matrimonio realmente comienza con la ceremonia. La historia no es: me casé y vivimos felices para siempre. Uno se casa y ahí es cuando la aventura da inicio. Y con los años, nos conocemos más, cometemos errores y aciertos. Pero ha sido una travesía tan linda; con los años hemos aprendido del otro y crecido juntos. Pero, además, de manera individual cada uno también ha experimentado una metamorfosis, acompañados, claro está, pero cada uno ha podido florecer. Y creo que eso es lo lindo de una pareja y una familia, que el individuo no pierda jamás su importancia. Estos 10 años me dieron a entender eso; antes creía que todo en el matrimonio era colectivo y, pese a que sí lo es, también hay un espectro individual, el crecimiento de cada uno. Esta década ha sido eso para mí, años de aprender y de crecer en familia.

Describa cada uno al otro...
M. F.: Juanpa siempre ha traído mucha alegría a la relación; él es una fiesta de emociones constantemente, y creo que eso se debe a su trabajo. Él trae siempre mucha emocionalidad a la casa: alegría, nostalgia, emoción, pasión, a veces incluso la ira. Y creo que se ha encargado siempre de aportar a la casa emociones de las cuales todos solemos contagiarnos. A lo largo de los años las ha pulido, las ha vuelto más profundas, pero no ha dejado nunca de ser esa persona alegre que yo conocí desde el día uno. Es un hombre bromista, chistoso, cómico, que a cualquier hora del día te hace sonreír con cualquier bobada. Él ha llenado nuestro hogar siempre de una alegría infinita. Juanpa además es una persona que cuando está triste, está profundamente triste, y creo que eso se debe a lo emocional que es. Pero lo más lindo de descubrir esa faceta de él ha sido poder experimentar una apertura total de su corazón. La gente creería que es obvio, pero no lo es. No todas las parejas, pese a estar ya casadas, se sienten en confianza para vivir en carne viva cada uno de sus sentimientos. Y creo que con el pasar de los años me ha permitido ver una faceta de persona real, con el alma desnuda, en un ambiente profundamente íntimo, y eso es muy bonito y lo agradezco.
J. P.: Moni es superchévere (risas). Así como yo traigo la acción, el hacer y mucha de la emocionalidad, Moni trae la calma. Ella es la que nos ayuda a todos a aterrizar. En su cabeza tiene mucha información, información que a veces la ha hecho perderse en sí misma, pero creo que allí es cuando yo he entrado a construir ese balance perfecto. Pero todo eso que ella guarda, también le ha servido para ayudar a los demás, para hallar puntos de conexión entre personas que deben conocerse… Y ser partícipe de ese proceso de ella ha sido muy bonito. No solo verla crecer, sino que ese crecimiento de ella lo ha invertido también en mí. Puede que en muchas ocasiones no encuentre una salida, ella siempre encontrará la mejor de todas. Hay algo sumamente importante de todo lo que Moni no solo ha aportado a la relación sino a mí, y es, por ejemplo, el hecho de que probablemente si ella no hubiera estado de mi lado, tal vez no habría tomado la decisión de irme nunca a Los Ángeles. Las decisiones que ella ha tomado laboralmente y en familia fueron mi principal apoyo y ‘boost’ para que yo también pudiera tomar decisiones.
 

   

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