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Natalia París y Mariana Correa ¡El poder del amor de madre e hija!

Luego de 9 años de haber posado en nuestras páginas, madre e hija repiten con la misma complicidad y amor genuino de aquel entonces. Con sueños cumplidos y una madurez plena que han logrado con el pasar de los años, viven uno de los mejores momentos de sus vidas.
Natalia París y Mariana Correa  ¡El poder del amor de madre e hija!
Por: Richard Moreno Castañeda

 “No me levanto cada día para trabajar y hacer plata. Me levanto para disfrutar a mi hija y cultivar la mejor vida para nosotras, y es estupendo ver que Mariana lo asume con entereza”, así lo afirmaba Natalia hace 9 años en nuestra edición número 580, en la que posaba plena y dichosa con su pequeña de 11 años. Sus palabras tuvieron poder y tal como lo dijo en ese entonces, hasta hoy ha aprovechado al máximo a su hija. La ha visto madurar, enfrentar cada desafío que le ha puesto la vida, ha sido testigo de sus triunfos y se los ha aplaudido de pie y con el corazón henchido de orgullo, también le ha mostrado el camino, incluso en su época de ‘tirapuertas’, como la misma Natalia la describe refiriéndose a la etapa de su adolescencia, y, por supuesto, ha sido testigo del primer amor de Mariana. La complicidad se nota a leguas, y el carácter y la determinación de Mariana a sus 20 años son el resultado de una vida llena de aprendizajes en la que aún queda camino por recorrer y en la que seguramente Natalia será su mejor consejera.

El confinamiento que vivimos actualmente las tiene más unidas que nunca. Comparten la pasión por la música, el amor infinito por los gatos y una belleza especial, por dentro y por fuera, de la que no presumen, pero que es evidente y admirable. Mariana por estos días disfruta sus más grandes pasiones: dicta talleres de maquillaje y continúa su preparación como compositora y cantante. Por su parte, Natalia, quien no para de agradecer por tener a su hija a su lado en estos momentos, también continúa enriqueciendo sus conocimientos en torno a su carrera como DJ, a su empresa de productos de belleza, a fortalecerse espiritualmente y seguir cultivando el amor junto a Mathias, su pareja desde hace tres años y con quien vive actualmente.

¿Cómo ha sido el reto de asumir la maternidad de Mariana en todas las facetas que ha vivido hasta hoy?
El mejor reto. En todas las etapas me he disfrutado el reto de ser mamá soltera. Tomo decisiones sobre ella yo sola. Es una ventaja, es un challenge ser mamá soltera, pero ¿qué mamá no es capaz?
Estamos viviendo un momento en el que las nuevas generaciones son más difíciles de manejar. ¿Cuál es tu estrategia para lograr cercanía con ella y una crianza más consciente?
Ser muy abierta con Mariana. Hacerme amiga de ella y no hablar de “prohibido” a mí me ha dado resultado. Así tengo más control sobre todo lo que pasa alrededor de ella.
¡Ya eres suegra! ¿Cómo te va en esa faceta?
Ah, pues me encanta. Una suegra joven, de mente abierta, que entiende perfectamente las cosas de su generación. Nos va bien.


¿Te dio duro el paso de Mariana a la adolescencia?
No; casi todas las mamás dicen que es muy duro. Yo no pienso así. Cuando Mariana comenzó a tirar puertas, típico de la adolescencia, yo dejé que se le pasara. Yo también tiré puertas, me choqué en el carro, llamaron a mi mamá a rectoría varias veces... Yo sé que eso pasa. Dije, “ya se le pasará”, y sin dramas la pasamos creo que bien. A veces sí me saca uno que otro mal genio, pero la sé llevar superbién.
¿Qué es lo que más admiras de ella?
Ella es muy artista, y eso lo admiro, y hoy su talento innato me hace admirarla más. También que es muy noble y cuando comete un error siempre ofrece disculpas. Eso es muy bonito de cualquier ser humano. Ella es toda linda.
¿Has visto reflejada tu adolescencia en la de Mariana?
Sí, total. Yo fui en la adolescencia ‘tirapuertas’ también (risas), pero se me pasó, aprendí de todos los errores que cometí en aquellas épocas, por eso sé que esa etapa pasa. Todos maduramos, todos con el tiempo nos vamos puliendo.
¿Cuál es el plan que más disfrutan juntas?
Mariana es muy casera, menos mal. A veces le digo que salgamos por ahí, solo lo hago por ella, aunque prefiero quedarme en casa, y ella me dice “quedémonos aquí”. ¡Uffff, qué delicia que sea así! Disfrutamos enormemente nuestra casa, está adecuada para ella, mi sala es una discoteca con tubo de pole dance para que baile. Tenemos un estudio de música y nos la pasamos ensayando. Nuestra casa es nuestro mejor plan.
 

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